La República del Teatro |
Comentarios críticos sobre El dictador de Copenhague de Martha Márquez |
Existe el prejuicio de que la escritura femenina debe restringirse a la elaboración de unos mundos específicos, de unos ciertos temas y tipos de personajes, que constantemente resalten la lucha y rebeldía de la mujer en contra de las leyes de los hombres. También se supone que la emotividad, delicadeza y el amor como ideal son recursos infalibles de estas dramaturgias.
Afortunadamente este panorama está cambiando y ya no se debe pensar que lo femenino va de la mano de lo feminista o lo ultra sensible. La dramaturga Martha Márquez desafía esta idea y se arriesga al proponer una obra inhóspita, impulsiva y en ocasiones violenta donde se ponen en juego la justicia y el perdón. ElDictadordeCopenhague es una pieza que desde su estructura se acerca a otros lenguajes, convenciones y sensibilidades alejándose de cualquier arquetipo.
La configuración del texto: atemporal, narrativo y con acotaciones omniscientes responde a una interpretación moderna de la vida y de sus tiempos. No es un desafío a lo clásico por mera rebeldía. La comunicación que tenemos con cercanos y extraños están sometidas a otra velocidades, códigos y medios. Es inevitable que la creación dramática no corresponda a la cotidianidad dinámica en la que vivimos. Más aún, si se instaura esta “babel informativa” en un personaje atormentado el resultado es esta fragmentación del hombre contemporáneo de la que tanto hablan Vattimo, Adorno y otros filósofos de la postmodernidad, y que a veces tanto cuesta entender.
Como algo contradictorio pero eficaz, la obra ocurre en un zona rural, estática, monótona. La vida del protagonista es rutinaria aún después de la pérdida de su hijo, sin embargo su mente ha quedado perturbada y toda las inquietudes e incertidumbres por la existencia misma obligan al personaje a cuestionarse convirtiéndose en alguien volátil y frágil. Esto no impide la profundización en las relaciones o en la psicología de los personajes, al contrario, se ofrece al lector o al espectador una simiente que crecerá en la medida en que cada uno de ellos reflexione sobre lo que propone la autora.
La sensibilidad de esta dramaturgia no radica en la delicadeza sino en la rabia y la frustración que despiertan otras conexiones; por eso es valioso que sea una mano femenina la que logra entrar en este mundo de hombres golpeados y solitarios asumiéndolo con finura, perspicacia y sin prejuicios. La historia se cuenta con claridad, a pesar de los saltos temporales que no comprometen su desarrollo lógico. La pieza guarda en sí misma una potencialidad escénica irresistible.
La siguiente instancia, la de la puesta en escena encierra sus propias dificultades. Este texto que rebosa de fortaleza y es armado con inteligencia, demanda un trabajo escénico que responda a sus necesidades particulares. El proyecto ha sido premiado en tres ocasiones (un reconocimiento por su dramaturgia y dos becas de creación para realizar el montaje), lo que demuestra que la propuesta de la autora es coherente y madura y que tiene fundamentos que la destacan entre sus contemporáneas. Claro, hay un riesgo cuando la autora dirige la puesta en escena, esta delgada linea divisoria entre ambos roles por momentos puede ser difusa obteniendo resultados insustanciales.
Para encontrar esa voz propia en el espacio teatral el primer paso es negar, en cierto sentido, la propia creación literaria y así encontrar la libertad necesaria para la creación escénica. En el montaje del Dictador,hay una búsqueda por salir de la opresión del texto. Cada actor indaga para darle peso, biografía y exactitud a su personaje aunque las escenas sean cortas y no ofrezcan mayor información. Es una dramaturgia que exige una análisis profundo sobre el comportamiento humano pues la economía de las situaciones no da mucho espacio para que los actores construyan una red amplia que sostenga su propuesta. Así que su tarea actoral es complicada y exigente.
Se trabaja con la oposición, en vez de aplacar las incertidumbres se crean muchas más. Dudas que llenan a estos personajes de debates internos constantes, tal cual los tenemos los seres humanos en la actualidad y es esta lectura, la de seres inquietos, atormentados, fragmentados, la que la directora busca evidenciar en una propuesta que sigue creciendo y alimentándose con el paso de los ensayos.
Estos mecanismos de investigación son la prueba de que el proyecto está en constante evolución. Llegarán más métodos y propuestas de estudio, quizás más interesantes y que continúen desentrañando este tipo de historias contemporáneas. La instancia de la escritura nace con sus propios tiempos y ritmos. El trabajo de puesta en escena tiene sus propias pulsaciones. El puente entre los dos cuando es la misma persona la que lo cruza obliga a cuestionar el punto de partida y a replantear ininterrumpidamente el punto de llegada. Sin embargo; no existe búsqueda y disputa más rica que ésta. El escenario obliga a realizar nuevas miradas en todo y aunque un buen texto es el mejor detonante, el aporte de los actores y de todos los implicados en el montaje significa llegar a descubrimientos que asombran hasta la mente que concibió todo.
Esto es de lo más valioso en un proyecto teatral de dramaturgia propia. Reafirmar que el texto no nació amarrado, inamovible, sino que al contrario, permite interpretaciones, revelaciones y alteraciones. El grupo de trabajo marcha como una unidad que trata de comprender un universo propio, la autora se integra en esa misión y la directora busca dentro de su saber cómo plasmar cada hallazgo.
ElDictador acierta en romper desde su escritura con preceptos revaluados, el montaje ha dado la oportunidad de recuperar la diversidad de experiencias y voces en un elenco bien armado, la estructura desafía el complacer de manera fácil al público y expone con honestidad la fragilidad del ser y su pensamiento.
Puede que con todos estos puntos a favor aún se caigan en errores que opaquen el montaje, la búsqueda de un lenguaje escenográfico es una tarea complicada y que requiere de precisión para este tipo de textos, no obstante la experiencia de comprobar la dramaturgia en la escena y de hacerla crecer con un grupo de trabajo enriquece en cantidades la calidad creativa tanto de la escritura como de la dirección. Así que solo se puede decir que la autora ha iniciado con el viento a su favor, un camino de propuestas enriquecedoras e interesantes para el teatro colombiano desde una mirada y una voz femenina. Espacio de creación que está saliendo de la sombra y se consolida cada vez más en el país.